Hacía ya varios meses que me encontraba algo diferente, más tensa, más a la defensiva con mi pareja. Durante el día, estando en la oficina o paseando por la calle, me venía a la imaginación situaciones sexuales con mi pareja y con otras personas de mi entorno. Una tarde, quedé con Ana para tomar un café y le comenté la situación, Ana se burló de mi diciéndome que lo que me pasaba era que estaba un poco salida y finalmente acabamos las dos riendo a carcajadas.

Esa misma tarde, cuando llegué a casa, agotada por un día muy ajetreado en el trabajo Alberto todavía no había llegado. Me miré al espejo unos segundos y empecé a desnudarme para entrar en la ducha. El grifo ya estaba abierto así que poco a poco empezó a llenarse de vapor todo el baño. Entré en la ducha y el agua caliente empezó a caer sobre mi cabeza, sobre mi cara, mis hombros mis pechos. De repente sentí unas ganas locas de sentir las manos de Alberto en mi cuerpo pero él todavía no había llegado. Cerré los ojos y empecé a recorrer mi cuerpo con mis manos, acariciando mi cara, deteniéndome en mis pechos, notando mis pezones duros, excitados. Mi respiración se aceleraba cada vez más, y el calor ya no sólo lo sentía externamente debido al agua caliente sino que también lo sentía por dentro, subiendo desde mi sexo hasta mi pecho. Mis manos se deslizaban por mi vientre hasta llegar a mi sexo tan húmedo y caliente que sería capaz de derretir un hielo en tan solo dos segundos. Mi lengua recorría mis labios, imaginando tener una polla dura y caliente justo delante, para saborearla y lamerla como si nunca antes lo hubiese hecho.

De repente sonó el timbre y rápidamente salí de la ducha, me coloqué el albornoz como pude y corrí a abrir la puerta pensando que sería Alberto y que él me ayudaría a aplacar mi deseo sexual en esos momentos. Abrí la puerta y delante de mis ojos estaba Jorge, el nuevo vecino del segundo. Noté como mi cara se sonrojaba y también lo hacía la suya, intenté taparme bien los pechos para dar la apariencia de mujer decente… aunque, que clase de mujer decente abriría la puerta a un extraño portando únicamente un albornoz.

Jorge estaba al otro lado de la puerta, mirándome fijamente... deseando que mi albornoz resbalase por mi cuerpo... lo notaba, notaba esa mirada de deseo... y me gustaba...

De repente yo acabé rompiendo el silencio al decirle... que tal Jorge? en qué puedo ayudarte?. Jorge me miró y humedeció sus labios y acto seguido dijo... es que me quedé sin sal... me puedes dar un poco?? Porsupuesto le dije, y pasamos los dos hacia la cocina. Estaba con el bote de la sal, poniéndola en un recipiente más pequeño para dársela cuando se me resbaló el bote y toda la sal fue a parar al suelo, me agaché corriendo y él se agachó conmigo. Al agacharme una parte de mis pechos quedaron al descubierto y a través del albornoz se notaban unos pezones duros y excitados por la situación. Jorge me miraba descaradamente, deseando recibir una señal de mi parte para tirarse encima y hacerme el amor como un loco... pero no lo hice, a pesar de lo cachonda que estaba.

Nos levantamos y fui a buscar una escoba para recoger la sal del suelo y cuando volví estaba Jorge de espaldas. Mmmmm, era tal la excitación y lo atractivo que se veía por detrás que sin pensarlo le acaricié su culito lentamente. Jorge se quedó quieto, sin mover ni un centímetro de su cuerpo, sin decir nada, solo esperando mi siguiente movimiento. Me quité el albornoz, dejándolo caer en el suelo y empecé a acariciar el pecho de Jorge desde atrás, sintiendo como su corazón palpitaba cada vez más deprisa... Bajaba desde su torso, por su cintura hasta llegar a su sexo.... estaba duro, excitadísimo y muy caliente. Él emitió un gemido de placer pero no decía nada. Le quité su camisa y me acerqué a él por detrás, con mis pechos desnudos, mis pezones excitados muy duros... empecé a besarle por el cuello y seguía acariciando su sexo cada vez con más fuerza...

Finalmente me puse delante de él, totalmente desnuda. Él me miraba fijamente a los ojos, y después sus ojos empezaron a recorrer mi cuerpo lentamente. Cogí una de sus manos y la llevé a mis pechos, me acerqué a él y empecé a desabrocharle los pantalones lentamente, primero el cinturón, después los botones, su ropa interior ya dejaba salir el calor de su sexo, ansioso por sentir el mío. Estabamos los dos completamente desnudos, uno delante del otro, Jorge estaba muy excitado y yo también lo estaba así que me agaché y empecé a lamer su sexo, primero jugando con mi lengua, recorriendo toda su polla y después empecé a meterla en mi boca, lentamente, saboreando cada centímetro.

Jorge me miraba, lleno de excitación y yo sentía que un calor tremendo se apoderaba de mi sexo, lo humedecía. Me puse en pie, delante de él y le besé el cuello dulcemente primero... después me acerqué a su cara, hasta llegar a su boca. Mi lengua recorría sus labios para finalmente introducirse dentro de la boca de Jorge que esperaba ansioso sentirla en contacto con la suya. De repente Jorge, tomando las riendas del encuentro me cogió en brazos a horcajadas. Muy lentamente, notando cada centímetro de su polla erecta, caliente y húmeda fue penetrando mi sexo, tan caliente y excitado también. Empezó al mismo tiempo a lamer mis pechos, mis pezones, también muy excitados y deseando tener contacto con esa lengua tan dulce y picante a la vez.

En esa posición me llevó hasta el sofá en el comedor, se sentó en uno de los asientos y yo quedé encima de él de nuevo. Empecé a moverme, primero lentamente, después más rápido subiendo y bajando por completo, notando una penetración tan profunda que no podía dejar de gemir. Miraba su cara de placer y todavía me ponía más cachonda, notaba como su polla palpitaba, se calentaba más. Yo ponía mis pechos en su boca y él gustosamente los lamía, pellizcaba mis pezones suavemente, los mordisqueaba...

Nuevamente tomó la iniciativa Jorge y me cogió por la cintura obligándome a despegarme de su sexo... me puso de espaldas a él, a cuatro patas y empezó a acariciar mi culito suavemente, humedeciéndolo. De repente noté su polla en mi culito, como iba entrando, lentamente, mmmmmm tan caliente. Los dos nos retorcíamos de placer, gemíamos y queríamos más, y más hasta que yo empecé a notar que me llegaba un orgasmo bestial pero él seguía allí, follándome sin parar. Tuve un segundo orgasmo segundos antes de que él llegara al climax. Respiraba entrecortadamente, agotado, sudando y excitado todavía después del polvo bestial que acabábamos de echar. Nos levantamos, nos miramos a los ojos y nos besamos. Él se llevó la mano a la nuca... tímido, sin saber qué decir... y yo... las únicas palabras que pude decirle fueron.... PUEDES VENIR A PEDIRME SAL SIEMPRE QUE QUIERAS... los dos nos empezamos a reir a carcajadas y no tuvimos más remedio que vestirnos y despedirnos