La Dolce Vita (I)
Llevaba meses ahorrando para poder ir a Roma de vacaciones con Sarah. Hacía meses que planeábamos el viaje y por fin llegó el momento tan esperado por las dos.
Aterrizamos en Roma a las 9 de la mañana. Por delante nos quedaban tres intensos días que queríamos disfrutar al máximo. Cogimos un taxi en el aeropuerto en dirección a nuestro hotel para dejar las maletas y poder organizarnos las visitas del día. Al llegar al hotel una de las chicas de recepción nos preguntó si necesitábamos algún guía turístico para que nos enseñase la ciudad pero decidimos que no era necesario. De todos modos, la recepcionista nos apuntó en un papel varios nombres de guías turísticos, con los que, supusimos, el hotel se llevaba una comisión...
Dejamos las maletas, preparamos una mochila con las guías turísticas sobre Roma, algunas anotaciones que habíamos realizado días atrás sobre los sitios más interesantes y por supuesto la cámara de fotos. Con la misma ilusión que dos niñas con vestidos nuevos, salimos del hotel, dispuestas a ver la ciudad.
Tras varias horas dando vueltas sin lograr llegar a la Fontana di Trevi, decidimos que sería una buena opción contratar los servicios de un guía, al menos durante 1 de los tres días para conocer lo más relevante de la ciudad.
Con la pequeña lista que nos había proporcionado la recepcionista acudimos a una de las cabinas telefónicas más cercanas y empezamos a llamar. Anne.... no tenía disponibilidad para ninguno de los días, Danielle.... tampoco... por suerte Julietta si tenía dos días libres y además nos indicó un precio que no pudimos rechazar. Como estábamos algo perdidas, decidimos quedar con ella en una hora en el hall del hotel en el que nos hospedábamos. Cogimos otro taxi en dirección al hotel y esperamos unos minutos a que llegara Julietta.
Cinco minutos antes de la hora prevista vimos entrar a un chico moreno, con un atractivo especialmente destacable y Sarah y yo nos miramos diciendo... madre mía! Para nuestra sorpresa, portaba un cartelito con nuestros nombres, cosa que nos dejó totalmente atónitas ya que esperábamos a una chica.
Soy Sergio, dijo en un perfecto castellano. Julietta no va a poder venir porque le ha surgido un imprevisto pero yo os haré de guía.
Encantadas nos miramos y sonriéndonos iniciamos la marcha, siguiendo a Sergio de cerca... mirando de reojo como movía su culito mientras nos explicaba parte de la historia de las calles, el patrimonio, los personajes.
Paramos a comer en un pequeño restaurante retirado del bullicio turístico. Pedimos unas botellas de vino para acompañar la comida. Sergio era muy agradable, su conversación era muy interesante y su forma de mirar, te hacía subir un extraño calor entre las piernas que cada vez era más dificil de llevar. Noté que Sarah estaba tonteando con Sergio, y decidí hacer lo mismo para su sorpresa. Sergio estaba notando que nos tenía comiendo en su mano y también seguía el juego.
Entre risas, indirectas y demasiadas copas de vino, acabamos de comer y Sergio nos propuso ir a su casa a descansar un poco para proseguir con la visita hasta por la noche, insistiendo en que era muy importante estar descansadas ya que Roma de noche era precioso y con mucho ambiente.
Estábamos agotadas y aceptamos su propuesta sin pensarlo así que nos dirigimos hacia el piso que Sergio tenía a pocos minutos del lugar dónde nos encontrábamos.
Os podéis acomodar en el salón, como si estuviéseis en vuestra casa. Sarah y yo nos sentamos en el sofá y le invitamos a sentarse en medio de las dos para ver un rato la televisión y descansar. Sergio trajo unas bebidas en una bandeja y las colocó en la mesita que había delante del sofá. Se acomodó entre nosotras y tras unos minutos de silencio, noté como su mano empezaba a deslizarse por mi pierna, buscando por debajo de mi vestido... Sarah se percató de la situación y se sonrojó al ver que yo no le decía nada a Sergio... se quedó inmóvil al comprobar que Sergio hacía lo mismo con ella, mientras la miraba a los ojos. Sarah se acercó a Sergio, acariciándole su sexo por encima del pantalón y mirándome de reojo a ver que reacción tenía... Yo empezaba a estar tan cachonda que no me importaba compartir a Sergio con mi amiga... Con mucho cuidado Sergio se incorporó en el sofá y dirigiéndose hacia Sarah, se sacó su camiseta dejando a la vista su pecho, marcado con algunas gotitas de sudor por la excitación. Sarah se acercó a Sergio, le besó en los labios y él sin pensarlo le sacó la camiseta dejando sus pechos cubiertos con la ropa interior.
Sergio me daba la espalda así que decidí sacarme la camiseta yo misma y acercarme a él desde atrás. Empecé a besar su cuello, sus hombros, cada centímetro de su piel, morena, suave y caliente. Sergio notó mi presencia y con su mano derecha acariciaba mi brazo haciéndome notar que también me deseaba.
Durante unos minutos Sarah siguió tumbada, debajo de Sergio que acariciaba sus pechos, lamía sus pezones, su cuello su abdomen. Mientras yo le acariciaba su culito, rodeaba su cintura desde atrás, acariciando su sexo, prisionero por su pantalón, deseando salir a darnos placer a Sarah y a mi...
